¡Con el mando! Undertale

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No importa cuál sea la motivación que mueve al artista para componer una obra. Si uno pone toda la carne en el asador, no tiene miedo a innovar y es original en su forma de mostrar su pasión, podemos estar seguros que el resultado no dejará indiferente a nadie.

Undertale es ésa pequeña y humilde joya que se oculta debajo de una primera impresión algo desconcertante, ya que para nada aparenta ser más que un “indie jrpg del montón” que ha superado la barrera del Steam Greenlight.  Solamente una hora de juego será suficiente para que sintamos que hay algo más bajo la superficie de Undertale, algo oscuro y tentador que nos atrapará sin que nos demos cuenta.

La composición del título está tan plagada de sorpresas y detalles que es muy difícil realizar una crítica sin destripar absolutamente nada. Por ello, desde aquí recomendamos encarecidamente jugarlo antes de continuar leyendo. Si por el contrario os puede la tentación, no digáis que no avisamos…

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Toby Fox es la mente maestra detrás de esta obra y cabe destacar que antes de ser desarrollador de videojuegos ya había hecho sus pinitos en el mundo de las composiciones musicales. Pero, ¿por qué mencionar esto? Pues porque de entre lo más remarcable del título queremos destacar una de las mejores bandas sonoras realizadas para un videojuego en los últimos años. Casi parece que el juego se haya adaptado a las canciones que aparecen en él y no al revés, pero lo cierto es que Toby Fox compuso las melodias previamente al desarrollo de Undertale.

La gran diversidad de estilos en las canciones de Undertale y su gran acierto a la hora de coordinarse con la acción nos hará sentir completamente inmersos en la historia. La dedicación de Toby Fox a su banda sonora incluye la formación de diversos motivos musicales que podemos encontrar en varias de las composiciones, lo que nos mantendrá constantemente atados a la ambientación de Undertale. Sus melodías son tan simples y pegadizas que se nos grabarán a fuego en la cabeza y, de hecho, empezaremos a tararearlas sin pensarlo.

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Pero si algo se nos quedará en la cabeza todavía más que las melodías, son los personajes y sus historias. En Undertale se demuestra que no es necesario crear personajes redondos y polifacéticos para que una historia sea excepcional. Tal cual han sido creados, tanto los principales como los secundarios, son todos ellos entrañables, pues derrochan carisma y al final siempre consiguen que empaticemos con ellos.

El estilo principal en el que los personajes desarrollan sus diálogos y sus acciones se centra principalmente en el humor. Dentro de este medio de cultivo se reproducen la mayoría de situaciones cómicas pero muy rara vez veremos que se repita el mismo chiste. Por lo general nos deleitarán con múltiples referencias del mundo actual con un toque satírico utilizando juegos de palabras tan malos que hasta son geniales. Aun así, Undertale aprovecha su socarronería para cubrir la superficie de lo que quiere contarnos y no tardaremos en descubrir que lo que hay debajo es todavía más interesante.

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La trama es sencilla y directa y no se pierde en enrevesadas historias secundarias, ni falta que le hace. Las interrupciones que nos encontramos a lo largo de la acción principal nos sirven para añadir detalles y matices a la experiencia sin perder el hilo de lo que realmente importa. Mediante estas pausas, se nos da un respiro que nos permite recrearnos en los infinitos detalles que componen a Undertale, para acto seguido continuar de frente con la historia. Esta forma de abstraernos nos resultará tan intuitiva y fácil de seguir que difícilmente nos veremos arrastrados a la pesadez de la que pecan muchos títulos con tramas complejas.

Eso sí, no estamos ante un juego pasillero en el que solamente tengamos que avanzar hacia adelante de acción en acción. Si bien Undertale no se podría definir como un sandbox, durante nuestras aventuras encontraremos múltiples puzles (bastante fáciles, de hecho) y retos que nos obligan a pararnos a pensar un poco. Principalmente los encuentros con monstruos serán el principal desafío que tendremos que superar, bien sea contra enemigos comunes o contra jefes/mini-jefes.

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Estos encuentros se desarrollan mediante un sistema de combate con una dinámica al estilo JRPG, pero solo en apariencia. En realidad, este sistema no debería ser llamado “de combate” ya que la lucha es opcional y casi siempre podremos negarnos a pelear para dedicarnos a tratar de convencer al enemigo de que no queremos hacerle daño. Para ello dispondremos de los botones “Act” y “Mercy” que nos darán las herramientas necesarias para seguir un estilo de juego pacifista, o no…flat,800x800,075,f.u1

Por el contrario, los enemigos sí que nos atacaran e intentaran destruirnos de primeras. Para ello, encerrarán nuestra alma (representada con un corazón) entre cuatro paredes y nos lanzarán varios proyectiles, los cuales deberemos ir esquivando como en cualquier otro “bullet hell”. Cabe destacar que cada enemigo tiene sus propios ataques completamente personales y diferenciados del resto. Incluso si nos atacan varios enemigos en conjunto sus ataques también se sumarán y el reto, por lo tanto, será mayor. El combate puede que parezca simple pero Toby Fox y sus colaboradores han sabido exprimir bien esta mecánica para que no se vuelva una tarea repetitiva, además que los encuentros están bien repartidos y no nos vamos a sentir como en una cueva de zubats…

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Como hemos comentado, las apariencias engañan… Y no tardaremos en descubrir que debajo de la alegre y simple superficie hay algo más perverso que poco a poco nos llama para explorar nuevas opciones y descubrir las respuestas a preguntas cómo “qué pasaría si…”. Quizás solamente por curiosidad o quizás porque simplemente queremos vivir la historia de forma distinta. Y creedme, no hay nada más satisfactorio que descubrir un juego que se adapta a nosotros y a nuestra forma de jugar y además nos recompensa con tramas principales distintas.

En muchas ocasiones encontraremos que podemos elegir entre una opción u otra en algún diálogo, pero donde realmente reside la toma de decisiones es directamente en nuestra forma de jugar a Undertale. Y esto no está planteado simplemente para dar “rejugabilidad” al título, sino para mostrarnos con mayor profundidad las consecuencias de nuestras acciones desde el mismo momento de realizarlas hasta el final, de forma que los cambios que puedan ocurrir no son simples detalles sin peso en la historia principal.

Undertale utiliza un sistema de karma que da un giro de tuerca a lo visto en la mayoría de títulos en los que las decisiones del jugador se utilizan como una herramienta más para aportar cierta jugabilidad. Descubriremos que nuestras decisiones influyen en todo el juego e incluso éste es capaz de recordar lo que hemos hecho a través de las partidas guardadas. Por lo tanto, a lo largo del viaje las consecuencias de nuestros actos nos acompañarán y constantemente estaremos replanteándonos si estamos conformes con ellas.

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Si nos planteamos buscarle el defecto a Undertale veremos que tiene muy poco margen para críticas negativas. Lo primero en lo que podríamos fijarnos es en su apartado técnico, ya que de primeras los escenarios tienen un diseño simplón y la paleta de colores parece algo limitada. Pero realmente su estilo gráfico es todo un acierto y la gran variedad de sprites y animaciones que lo componen concuerdan perfectamente con lo que nos están contando y cómo lo están haciendo. Quizás si nos ponemos muy quisquillosos podríamos mencionar que el juego se queda algo corto y que la dificultad de los puzles y de la mayoría de combates es algo limitada. Pero sinceramente, no somos tan quisquillosos.

Undertale es una experiencia que se vive completamente cuando tenemos en cuenta todas las piezas que lo componen, y aun así no podemos decir que lo que lo hace grande sea la suma de todas ellas. Así pues, siguiendo una filosofía holística, su imagen resultante del “todo” es lo que hace de este título merecedor de un hueco en nuestro fd31dbd6b7e3a80cfdb9609b400e1cc0. Ojalá se hicieran más títulos como este durante el resto del año.

Para terminar, quien realmente quiera vivir la experiencia completa y sentir el éxtasis en sus carnes tendrá que hacer muestra de una gran determinación y jugarlo hasta los créditos finales, pues difícilmente se han llegado a experimentar momentos tan inesperados en un videojuego como los de Undertale Sans-wink.

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